El arte sin magia: solo trabajo y pasión
Arely Cortés y Lupita Flores conversaron con Carlos Miguel Prieto, el director artístico de la Orquesta Sinfónica de Minería, quien nos mostró el lado más real y apasionado de su profesión. No hay magia ni pomposidad en lo que hace; solo disciplina, entrega y, a veces, mosquitos.
La cita fue en la emblemática sala Nezahualcóyotl, a las nueve de la mañana. Queríamos presenciar el ensayo de la Orquesta Sinfónica de Minería para sentir de cerca la emoción que desprende la música clásica antes de entrevistarlo. A diferencia de los grandes foros, las salas de concierto conservan una solemnidad casi mágica que envuelve a quienes aman la música.
Carlos Miguel Prieto acababa de dirigir un ensayo de ocho horas. “Ni siquiera me di cuenta de que no había comido”, nos dice entre risas. Su energía lo delata: cuando la pasión es auténtica, el tiempo simplemente se disuelve.
Entre partituras y liderazgo amable
Prieto recuerda su primer concierto formal, en 1994: “Fue aterrador… como sentirte desnudo frente al público”. Tres décadas después, sigue enfrentando cada presentación con respeto y humildad. Mientras observábamos su ensayo con más de noventa músicos, notamos la precisión y el respeto mutuo que lo definen.
“La dirección orquestal tiene mucho menos magia de lo que parece y mucho más de estudio”, confiesa. Su rutina diaria consiste en leer partituras, marcar matices y ensayar hasta que cada sección comprenda el mensaje. “Soy intérprete; mi trabajo es entender lo que la obra quiere decir”.
Esa búsqueda constante de perfección es lo que ha convertido a Carlos Miguel Prieto en una de las figuras más respetadas de la música clásica en México.
Tres mitos sobre la música clásica
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“Hay que saber música” — No hace falta para emocionarse.
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“Es muy caro” — Muchos conciertos cuestan menos que uno pop.
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“Es elitista” — Solo se necesita llegar a tiempo y respetar a los demás.
“Menos magia, más trabajo duro”
Prieto evita términos como “bajo mi batuta” y prefiere ver a los músicos como colegas. Su filosofía se resume en dos palabras: liderazgo amable.
Ser firme para mantener el rumbo, pero flexible para escuchar. Esa es la esencia de un director que no busca el protagonismo, sino la armonía.
Anécdotas, mosquitos y humanidad
Durante la charla, el maestro derriba los mitos que envuelven a la música clásica. Con humor recuerda un concierto en el lago de Como, Italia:
“Había muchos mosquitos y terminé tragándome algunos. Abrí la partitura y había diez muertos pegados”.
Entre risas, también cuenta cómo una vez un asistente se quedó dormido en plena función. “Pasa todo el tiempo; somos humanos”.
Bad Bunny no es Beethoven (y está bien)
La conversación toma un giro inesperado cuando hablamos de música actual. Prieto confiesa que ha escuchado a Bad Bunny gracias a sus hijas.
“Lo que hace tiene raíces muy claras: cumbia, reguetón, merengue. Es música caribeña con tintes urbanos”, analiza.
Aun así, marca su distancia: “Nosotros no podemos hacer Bad Bunny, igual que él no puede hacer Beethoven”.
Más allá del contraste, su comentario revela algo esencial: la música, sin importar su género, siempre conecta con la emoción humana.
Un legado que sigue inspirando
La entrevista termina y dejamos la Sala Nezahualcóyotl con una nueva perspectiva. Carlos Miguel Prieto demuestra que la música clásica no necesita magia para ser emocionante: necesita disciplina, liderazgo y humanidad.
Esa combinación lo ha llevado a dirigir en los escenarios más importantes del mundo y a consolidar a la Orquesta Sinfónica de Minería como una de las más destacadas de América Latina.
¿Sabías que en 2015 ganó el Latin Grammy al Mejor Álbum de Música Clásica por Rachmaninov: Piano Concerto No. 2 – Montero: Ex Patria, Op. 1 & Improvisations?
Hoy, su legado continúa inspirando a nuevas generaciones de músicos que entienden que, tras cada nota, hay una historia de esfuerzo y amor por el arte.
Escucha su podcast: Momentos Musicales por la Sinfónica de Minería — disponible en Spotify.